Madre amazónica abandonó a 3 hijos por no poder adaptarse a la vida “moderna”

Kenneth Good es un antropólogo estadounidense especializado en un pueblo indígena del sur de Venezuela: los yanomami. Los yanomami viven en medio de la selva amazónica y son uno de los pocos grupos étnicos que, hasta hoy en día, viven de una manera similar a como lo hacían antes de la colonización europea. Todo a causa del difícil acceso al lugar que habitan, rodeado de selva y ríos. Kenneth estaba interesado en estudiar los hábitos alimenticios de los yanomami, por lo que durante los años 70 se fue a vivir con ellos durante un tiempo. Su trabajo se limitaría, supuestamente, a pesar la cantidad de proteínas que consumían para sacar conclusiones al respecto. Sin embargo, se quedó a vivir con ellos durante muchos años más de lo planeado. ¿El motivo? El amor.

YouTube/CBS Sunday Morning

Mientras Kenneth vivía con los yanomami, aprendió su lengua y fue tratado como un igual. Un día, el jefe de la tribu le dijo que tomara por esposa a su hija menor, una niña de unos 12 años de edad llamada Yarima. Kenneth, de unos 38 años de edad en ese entonces, sentía que no podía estar con ella. Sin embargo, con el paso de los años, Yarima y Kenneth comenzaron a acercarse, hasta que se enamoraron.

El joven antropólogo no tenía motivos para llevarse a Yarima a vivir a Estados Unidos con él, pero lo hizo al ver que una de las veces que volvió a la tribu, la joven había sido violada por un grupo de hombres. Sin embargo, jamás imaginó el shock cultural que significaría para ella el conocer el mundo "moderno". Yarima nunca había visto nada más que la selva y los ríos, no sabía que existían construcciones como las casas ni máquinas que pudieran transportar gente, como autos o aviones. De hecho, la primera vez que vio una camioneta huyó a esconderse, pues creía que se trataba de un gigantesco animal.

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La pareja se fue a vivir a New Jersey, en Estados Unidos. Allí, Yarima pudo acostumbrarse a algunas cosas, como a usar ropa a diario. Pero habían miles de otras situaciones que simplemente no podía comprender. La joven yanomami tenía la triste impresión de que la gente de la ciudad vivía aislada y en completa soledad. Ella estaba acostumbrada a pertenecer a un grupo pequeño de personas que compartían siempre la vida juntos, la caza, la crianza de los niños, incluso el mismo lugar donde dormir cada noche. En New Jersey, en cambio, cada persona vivía encerrada entre cuatro paredes de concreto, alejada de sus vecinos.

Kenneth y Yarima concibieron tres hijos juntos y, durante unos 5 años, la mujer yanomami fue capaz, por amor, de sobrevivir en una sociedad que no comprendía. Nadie más que su esposo sabía hablar su lengua y pasaba el tiempo con sus hijos o en soledad. A veces visitaban Venezuela y se adentraban en la selva, en un viaje de unos 3 días en avión, camioneta y barcaza, para volver a la tribu. Y, en la última de esas visitas, Yarima le confesó una verdad a su esposo Kenneth: no podía volver. 

El antropólogo tenía el corazón destrozado, pero entendía perfectamente a su mujer: él la había alejado de un mundo en el que todo funcionaba en comunidad y la había llevado a uno en donde todos estaban alienados. Simplemente no podía seguir viviendo allí. Así que se quedó con "los suyos", mientras Kenneth volvió a Estados Unidos con sus tres hijos. Los dos más pequeños jamás sintieron que su madre los hubiese abandonado. Pero sí David, el mayor. 

David, de hecho, siempre le guardó rencor a su madre por haberlo abandonado. A lo largo de su vida inventó cientos de excusas para explicar por qué ella no existía e, incluso, empezó a contar que había muerto en un accidente de auto. No fue sino hasta que cumplió 25 años que leyó un libro que había escrito su padre, titulado “Into the Heart: One Man’s Pursuit of Love and Knowledge Among the Yanomami” ("Al corazón: la búsqueda de amor y conocimiento de un hombre entre los Yanomami"). En él, su padre explicaba, desde un punto de vista tanto científico como netamente humano, la historia de amor que había vivido son su madre.

Entonces, fue como si todo diera un vuelco dentro de sí. Comprendió a su madre, su tristeza y su soledad. Comprendió que no tenía la culpa. Y, con esto en mente, decidió emprender un viaje: el de la búsqueda de su madre en una tribu perdida en medio del Amazonas. 

No fue nada fácil, pero en el fondo, el gran viaje significaba también una odisea de conocimiento. Adentrarse en lugares tan recónditos, cruzando ríos infestados de pirañas, siendo comido por los mosquitos y con problemas estomacales, lo hizo comprender que estaba, verdaderamente, internándose en otro mundo, uno que había intentado ignorar durante toda su vida. 

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Cuando por fin llegó a la recóndita tribu, el reencuentro fue emocionante: Yarima y David se reconocieron inmediatamente y, apenas se abrazaron, entendieron que el amor  de una madre y su hijo es algo que no se desvanece nunca. Durante unos cuantos meses, David estuvo aprendiendo a vivir como un yanomami. ¡Incluso se alimentó de insectos, serpientes y lagartos! Pero obviamente, no podía durar para siempre.

Eventualmente, llegó el momento en el que David (como su madre, años atrás) debía volver a su mundo. Sin embargo, según cuenta: "La persona que soy hoy en día es completamente distinta a la que era hace cinco años. Ahora estoy orgulloso de ser un yanomami estadounidense, estoy orgulloso de mis ancestros. Amo a mi madre y espero volver a reunirme con ella, así como estudiar las costumbres de los yanomami".  

Actualmente, David trabaja en la organización sin fines de lucro llamada "The Good Project", que ayuda a la preservación de los yanomami y sus costumbres. Todo el rencor que sentía por el abandono de su madre desapareció. El viaje que realizó hacia la selva se sintió, para él, como el que alguna vez hizo su madre cuando fue por primera vez a Estados Unidos. Tanto Yamira como su hijo David descubrieron que existe más de una forma de vivir y de hacer comunidad, ambas con sus defectos y virtudes. 

Es fácil opinar mal sobre lo que hizo Yarima sin entender por lo que tuvo que pasar. Sin embargo, madre e hijo lograron superar sus diferencias, manteniéndose fieles a sí mismos y al estilo de vida que ellos escogieron. A ninguno le cabe duda de que el amor que existe entre ellos superará cualquier frontera, ya sea geográfica o cultural. ¿Qué opinas tú de esta increíble historia?

Puedes ver más detalles sobre esta impresionante historia a continuación (en inglés):

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