El héroe anónimo que evitó la Tercera Guerra Mundial

El 19 de mayo de este año, Stanislav Petrov murió como vivió: discretamente y en el anonimato. De hecho, la muerte de este viudo no se conoció sino hasta septiembre. Pese a que vivió sus últimos años en las penumbras de un pequeño apartamento de Moscú, Petrov fue el hombre que salvó al mundo de un desastre nuclear hace casi cuatro décadas. 

El 23 de septiembre de 1983 fue el día en que el mundo se libró del mayor peligro potencial del siglo XX. En el punto más álgido de la Guerra Fría, tanto el gobierno soviético como el estadounidense estaban tratando de tomar ventaja sobre el otro al aumentar su arsenal nuclear. La tensión entre los dos países crecía cada vez más; ambos bandos temían un ataque sorpresa del otro. 

El entonces teniente coronel de 44 años, Petrov, trabajaba en el centro de operaciones soviético de satélites de alerta temprana, "Oko", según el nombre en clave que recibían. Estos satélites podrían detectar ataques nucleares 10 minutos antes que los métodos con radar. Sin embargo, no eran capaces de prevenir un ataque; solo estaban diseñados para lanzar un contragolpe hacia el enemigo. De esta forma, ambos bandos sufrirían pérdidas atroces similares. 

Poco después de la medianoche, la alarma sonó en la estación de Petrov indicando que Estados Unidos había lanzado un misil de gran potencia a la Unión Soviética. Todas las miradas se dirigieron a Petrov. De acuerdo a la estrategia militar soviética acordada, el teniente coronel debía informar a sus superiores para que ellos iniciaran de inmediato el contraataque, el cual costaría millones de vidas. Sin embargo, Petrov tenía sus dudas al respecto, ya que le parecía poco probable que Estados Unidos hubiese lanzado solo un misil en un ataque nuclear. Después de considerar la primera advertencia como una falsa alarma, las sirenas se activaron de nuevo: los satélites habían identificado otros cuatro misiles. 

A pesar de esto, Petrov continuó escéptico y siguió su intuición: "Confiaba en mi criterio y en mi experiencia. Somos más inteligentes que las computadoras. Nosotros las creamos", declaró el ruso. Una vez más, reportó el hecho como una falsa alarma al centro de operaciones, aunque más tarde reconoció que no estaba seguro de hacer lo correcto en ese momento. Durante 17 intensos minutos, Petrov entró en pánico por no saber si había tomado la mejor decisión. Para su gran alivio, los sistemas de radar confirmaron que no había ninguna ojiva nuclear en dirección a la Unión Soviética. Más tarde se descubrió que las falsas alarmas se debieron a una extraña alineación de la luz solar que reflejaban las nubes altas, lo que fue malinterpretado como un lanzamiento de misiles. 

"Sentía como si mi cómodo sillón fuera una sartén ardiendo y tenía las piernas sin fuerzas. Estaba extremadamente nervioso cuando tomé esta decisión", relató Petrov tiempo después, al reflexionar sobre el incidente. "No quería ser el hombre responsable de la III Guerra Mundial". Una guerra nuclear habría tenido consecuencias inimaginables para el mundo; los científicos calculan que un escenario de este tipo hubiese cobrado la vida de 750 millones de personas y habría herido a otros 340 millones en todo el planeta. 

Debido al secretismo gubernamental, el servicio de Petrov a la humanidad permaneció en el anonimato durante años. Ni siquiera este hombre tenía permitido contarle a su propia esposa lo que había pasado la noche del 26 de septiembre. El incidente solo se hizo público cuando su antiguo jefe publicó sus memorias en 1998. Después de que sus heroicas acciones salieron a la luz, Petrov recibió diversos premios. No obstante, el otrora militar se sentía incómodo cada vez que lo llamaban "héroe": "No soy un héroe. Simplemente estaba haciendo mi trabajo, y resulté ser la persona correcta en el momento preciso. Eso es todo".

Tras renunciar a su puesto en el ejército en 1984, Petrov trabajó en un centro de investigaciones hasta su jubilación, después se dedicó a cuidar a su esposa, quien murió de cáncer. Este héroe desconocido pasó sus últimos años recluido en una modesta casa.

Aunque Stanislav Petrov nunca se consideró sí mismo un héroe, siempre será recordado como el hombre que salvó a millones de personas de una catastrófica guerra nuclear. ¡Merece la pena compartir la inspiradora historia de este hombre!

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