Bello y triste: la historia de un soldado y un gatito callejero te hará llorar

El norteamericano Josh Marino estaba pasando por el peor momento de su vida cuando un salvador irrumpió en su vida y se la cambió para siempre. Este no era ni un amigo, ni un familiar, ni una novia. Era un gatito.

YouTube/Mutual Rescue

Josh estuvo poco antes en Bagdad, luchando en la guerra de Iraq. En una ocasión, a apenas unos metro de él, explotó un mortero que casi lo mata. Esto lo dejó con trastorno por estrés postraumático, lo que hizo que tuviera que volver a Estados Unidos. Allí, su situación no era mejor que en Iraq. 

Su trastorno no lo dejaba dormir y sufría mucha ansiedad. Cuando ya no podía más, decidió que quería quitarse la vida. Escribió una carta, agarró un cuchillo y salió a las escaleras de su casa a fumarse un último cigarrillo bajo la lluvia. Pero fue entonces cuando escuchó un "miau" saliendo de unos arbustos.

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Apareció un gato blanco y negro que se le empezó a restregar por las piernas. "Me puse a llorar", confiesa Josh. Parecía que el gato se dio cuenta de que él tenía problemas, por lo que a cambio Josh se hizo cargo de los del gato: le puso comida y volvió adentro de la casa con la idea del suicidio lejos de su cabeza.

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A diario lo alimentaba y, gracias a eso, su vida comenzó a cobrar más y más sentido. Hasta que un día, el gato no venía cuando Josh lo llamaba: eso fue devastador. Pero, aunque echaba muchísimo de menos a su amiguito peludo, se dio cuenta de que gracias a él había aprendido una valiosa lección: si era capaz de amar tanto a ese gato desconocido, también sería capaz de hacerlo con personas. Así fue como empezó a salir con Becky.

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Becky era una chica que conocía desde el instituto. Retomaron el contacto y se gustaron y empezaron a salir. Y, como si de una jugada del destino se tratase, cuando un día paseaban juntos por la calle pasaron por delante de una tienda donde había gatitos en adopción. Uno de ellos sacó la zarpa por su jaula para llamar la atención de Josh... ¡Era el mismo gato que le había salvado la vida!

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Lo adoptaron en ese mismo momento y lo llamaron Scout. Los 3 se fueron a vivir juntos a su ciudad nativa, Pittsburg. Allí, junto con los 3 gatos que Becky tenía de antes, Josh retomó las riendas de su vida: gracias al apoyo de su familia, dejó de fumar, se alimentaba con una dieta saludable y hacía ejercicio regularmente. También estudió un máster y ahora trabaja con otros veteranos de guerra que requieren ayuda psicológica. Y esto lo hacía por Becky, pero también por Scout.

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Pero un día, Josh notó a Scout tristón. Lo llevó al veterinario y lo diagnosticaron con leucemia y solo le dieron dos semanas de vida. Efectivamente, a los pocos días murió en los brazos de su dueño. Josh piensa en su gato a diario, sabedor de que él es el motivo principal por el cual recuperó la ilusión de vivir.

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"Incluso antes de que fuera mi gato, antes de que me conociera tan bien, Scout me salvó la vida. Me puso en un camino diferente. Me dio la confianza para tratar de superar toda la adversidad que yo sentía", confiesa. Ahora sigue su vida con Becky, vida que, probablemente, no hubiese tenido de no haber sido por Scout. Una maravillosa historia que prueba lo fuerte que puede ser una relación entre un dueño y su mascota.

En este vídeo, en inglés, puedes ver una entrevista con Josh:

 

Créditos:

newsner, lovemeow

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