Madre recibe un diagnóstico equivocado en el ultrasonido

Amanda Schuster, de 40 años, de la ciudad de Kent, Washington, estaba encantada al enterarse de que sería madre por segunda vez. Debido a su edad, Amanda se sometió a una prueba genética de  sangre en la décima semana de embarazo para descartar malformaciones en el feto. Los resultados no arrojaron nada anormal, y los futuros padres esperaron con impaciencia el nacimiento de una hija sana. Un examen de rutina en la semana 20 del embarazo, sin embargo, despertó una terrible sospecha de su médico.

 
 
 
 
 
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Amanda y Robert Schuster ya tienen un hijo de 7 años y estaban felices ante la llegada de su pequeña. Por lo tanto, en el quinto mes de embarazo, no se preocuparon demasiado por el examen de rutina de los órganos del bebé. Pero, durante el transcurso del mismo, las expresiones faciales del ginecólogo se volvieron cada vez más tensas. Al parecer, algo andaba mal con la cabeza del bebé, por lo que enviaron a Amanda a un especialista. 

Después de un examen minucioso, el médico no tenía buenas noticias para los futuros padres. Diagnosticó que el feto tenía una forma severa de retraso en el crecimiento (acondroplasia) y que el bebé no podría sobrevivir fuera del útero. Instó a la embarazada a tener un aborto lo antes posible, antes de que fuera demasiado tarde desde el punto de vista legal.

 
 
 
 
 
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Amanda y Robert estaban devastados, pero no querían renunciar a su hija sin tener una segunda opinión médica. Así que acudieron a otro especialista, quien finalmente les dijo a los padres que su hijo nonato no sufría de ningún retraso en el crecimiento.

En cambio, la niña padecía el llamado síndrome de Pfeiffer, una rara enfermedad hereditaria que se caracteriza principalmente por graves deformidades de la cabeza. Además, los niños con esta enfermedad tienen ojos muy prominentes, que son causados por el crecimiento conjunto y prematuro de la bóveda craneal. Sin embargo, dependiendo de la gravedad de la enfermedad, los afectados también pueden tener una inteligencia normal. Amanda y Robert finalmente decidieron tener a su hija a pesar del panorama tan sombrío. 

 
 
 
 
 
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El 13 de julio de 2017 llegó nació la pequeña Emmy por cesárea. Aunque Amanda y Robert habían sido informados previamente por muchos médicos sobre el síndrome de Pfeiffer, ver a su hija por primera vez los dejó inmóviles.

"Aunque nos habíamos preparado muy bien para ese día, fue una sorpresa cuando vimos a Emmy por primera vez. Sus ojos eran enormes, su cabeza estaba completamente deformada y los médicos la intubaron justo después del parto, antes de que yo tuviera la oportunidad de abrazarla. Pero también vimos sus hermosos ojos azules y su cabello oscuro", dice Amanda.

 
 
 
 
 
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Poco después del nacimiento, la niña tuvo que someterse a su primera operación. Como la bóveda craneal de Emmy ya había crecido de manera conjunta, los médicos tenían que crear el espacio necesario para el cerebro en desarrollo, lo que implicará varias operaciones más hasta que la niña crezca completamente. Por lo tanto, Emmy pasó los primeros cuatro meses después del nacimiento con Amanda en el hospital.

Cuando finalmente se les permitió volver a casa, la familia y los amigos le dieron la bienvenida con los brazos abiertos. El hermano mayor de Emmy, Baron, no se cansa de estar con su hermanita desde entonces, como nos dice su madre, Amanda:

"Tiene padres que la quieren, un hermano que la adora, abuelos que la apoyan y un equipo de médicos, enfermeras y terapeutas que hacen todo lo posible para darle el mejor comienzo en la vida".

 
 
 
 
 
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Amanda espera que su hija pequeña, a pesar de su apariencia física, no sea rechazada en la sociedad actual:

"Sabemos que Emmy siempre tendrá un aspecto diferente y que tendrá que luchar contra los prejuicios y las burlas durante toda su vida, pero nuestro objetivo es siempre mostrarle lo mucho que la amamos y darle la fuerza para que consiga todos sus objetivos. Esperamos que al compartir su historia con otros, allanemos su camino futuro para que la acepten como es".

 
 
 
 
 
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Amanda y Robert ya no pueden imaginar su vida sin su Emmy. La decisión de dar vida a su hijo a pesar de su enfermedad puede no ser comprensible para todos, pero era la correcta para los padres.

Créditos:

Love What Matters

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