15 personas confiesan sus experiencias más embarazosas

La fecha del cumpleaños de la abuela, las llaves del coche o el cambio de horario en verano: todo lo que solemos olvidar. Despistes que después se quedan profundamente arraigados en nuestros recuerdos, ¡aunque hay algunos que preferiríamos olvidarlos por tratarse de situaciones terriblemente ridículas!

Años después, acordarnos de ciertas cosas nos pone la cara roja de vergüenza. Pero las humillaciones que se comparten son menos vergonzosas, por lo que estas 15 personas han decidido revelar sus experiencias más embarazosas: 

1. "Quería enviarle a mi hermana una foto de mi axila peluda, diciendo: '¡Mira!', pero se la envié a mi jefe. No obtuve una respuesta: incluso cuatro años después, nunca hemos hablado de ello".

2. "Durante un vuelo estaba bastante inflamado, así que abrí el botón superior de mis pantalones. Cuando tuve que ir al baño un poco más tarde, me levanté y sin querer empujé a la persona que estaba sentada a mi lado. Entonces mis pantalones se resbalaron y me caí en calzones sobre su regazo".

3. "Trabajaba en una taquilla y estaba atendiendo a un cliente. Levanté la mirada y vi una cabeza peluda a la altura de su rodilla. Le dije al hombre que los perros no estaban permitidos a menos que fueran perros guía. No me respondió, así que se lo repetí más fuerte. En ese momento, la cabeza peluda levantó la vista. Era su hijo".

4. "Como aspirante a periodista, una vez entrevisté a una chica ciega. '¿Cuándo se publicará el artículo?', quería saber ella. 'No lo sé', le contesté, 'pero no lo pierdas de vista'. Después de eso, quería golpearme la cabeza contra la pared".

5. "Le pagué al limpiador de ventanas y en vez de decirle 'gracias, adiós', le dije 'gracias, te amo'. Cinco años después, ¡todavía no puedo mirarlo a los ojos!".

6. "En el funeral del abuelo de mi esposa, el sacerdote dijo: 'Por favor, tómate un momento para pensar en lo que el difunto significó para ti'. Ese segundo, mi estómago rugió como Godzilla. Toda la fila de asientos estalló en carcajadas".

7. "Una vez invité a una indigente a cenar, pero en el café no aceptaban tarjetas, así que ella tuvo que pagar por mí al final".

8. "Después de una noche de copas con mis amigos, uno de ellos me invitó a dormir en su enorme casa, que compartía con el casero. Por la noche me levanté para ir al baño y luego volví a la cama. A la mañana siguiente amanecí al lado de los mellizos de 12 años del casero; su padre estaba de pie mirándonos. Era la habitación correcta, pero el piso equivocado". 

9. "Detuve a un presunto ladrón en la tienda donde trabajo. Le pedí que abriera su abrigo abultado y me devolviera la mercancía. Se bajó la cremallera y me mostró a su bebé de una semana".

10. "Estaba en un asado y empecé a hablar con un tipo que estaba a mi lado. Cuando contestó, me eché a reír a carcajadas porque pensé que hablaba deliberadamente con una voz muy graciosa. No lo hizo. Tenía un dispositivo electrónico que le permitía hablar después de su cáncer de garganta. Me quería morir".

11. "Felicité a un compañero de trabajo por su nuevo puesto en el gimnasio de mujeres y le dije que era mucho mejor que el pervertido que trabajaba ahí antes. Me lo agradeció. Más tarde alguien me dijo que había tomado el antiguo puesto de su hermano".

 

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12. "Cuando me pusieron los frenillos, el ortodoncista suspiró en algún momento y dijo: 'Así no es como funciona' y me sujetó la lengua en un tubo. Aparentemente, no podía dejar de lamerle los dedos".

13. "Trabajaba de camarero y un día corrí hacia una mesa donde estaban sentadas personas delgadas, de pelo largo y rubio. Quería coquetear y dije con mi voz más seductora: '¡Aquí tienen su comida, señoras!' Cuando se dieron la vuelta, vi que eran dos rockeros muy masculinos con el pelo largo".

14. "En una fiesta de la compañía le dije a alguien: 'Me pareces familiar, ¿nos hemos visto antes?'. Y la respuesta fue: 'Sí, allí, hace una hora'".

15. "En la playa me bajé las bragas debajo de la falda para ponerme el calzón del bikini. Mientras me agachaba, sentí una brisa fresca en mi amplio trasero. Me di cuenta de que no solo me había bajado las bragas, sino también la falda. ¡Morí por dentro!".

 

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Junto con las lágrimas de risa por las desgracias ajenas también se mezcla un poco de compasión. Después de todo, ¡nadie está a salvo de hacer el ridículo! Pero algunas personas parecen haber hecho un doctorado en ello. ;-)

Créditos:

Bored Panda

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