Un hombre entierra viva a su esposa por accidente

En el hotel James Hatcher de Pikeville, una pequeña ciudad de EE. UU., hay un ataúd muy peculiar que el dueño de este hotel mandó construir cuando aún vivía. La historia detrás de este objeto es alucinante, ya que va más allá de los límites de la existencia humana. 

En el siglo XIX vivía en Pikeville un empresario muy rico llamado James Hatcher. Su vida parecía perfecta; se había casado en 1889 con Octavia Smith y al poco tiempo tuvieron un hijo llamado Jacob. Sin embargo, el destino tenía otros planes reservados para James y su familia. Un proyecto absolutamente atroz.

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El pequeño Jacob murió al poco tiempo de nacer. En esa época había una alta tasa de mortalidad infantil, ya que no existían tratamientos para enfermedades que hoy no representan ningún problema. Octavia cayó en una profunda depresión después de la muerte de su bebé. Estaba muy enferma y no pudo levantarse de la cama nunca más. Nadie logró averiguar lo que tenía exactamente. Finalmente, el 2 de mayo de 1891, solo 4 meses después del deceso de su hijo, el médico declaró la muerte de Octavia.

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Esa primavera fue excepcionalmente cálida, así que la enterraron lo antes posible. Mientras tanto, otros habitantes de la ciudad empezaron a presentar los mismos síntomas que Octavia, pero después de varios días en estado de coma volvieron en sí. Resultó que la enfermedad del sueño transmitida por la mosca tse-tse había hecho estragos en Pikeville. James Hatcher se puso como loco. ¿Acaso Octavia tenía la misma enfermedad? Inmediatamente desenterró a su esposa y se encontró con una imagen que lo acompañó hasta el final de su vida.

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Cuando abrieron el ataúd, la verdad se hizo evidente: la caja estaba arañada por dentro, la cara de la difunta tenía una expresión de pánico extremo y sus dedos estaban ensangrentados. Octavia había sido enterrada con vida y despertó bajo tierra. Encerrada en su prisión mortal, murió de una manera que supera por mucho la peor pesadilla.

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James Hatcher estaba destrozado. En recuerdo de su amada esposa, erigió una estatua en su tumba, donde fue enterrada por segunda vez con su hijo Jacob en sus brazos. Tiempo después, James Hatcher construyó su propio sarcófago, uno del que podía liberarse en caso de ser enterrado vivo. Se dice que en la tumba de Octavia todavía se puede escuchar la voz de una mujer llorando.

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James Hatcher vivio una tragedia familiar pocas veces registrada en la historia. No solo perdió a su hijo único, sino que enterró viva a su querida compañera, lo que la condujo a la muerte. Comparte esta angustiante historia para que valoremos la grandeza de la medicina moderna. 

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