Una mujer asiste a su propio funeral para vengarse de su marido

Esta historia parece de película. Se trata de una venganza al estilo "Kill Bill"..., pero sin tantos litros de hemoglobina, como los que se desparraman en los filmes de Tarantino.  

Noela Rukundo vivía con su marido (a quien había conocido 11 años antes) y sus hijos en Melbourne, Australia. Cuando murió su madrastra, tuvo que ir a África para el funeral y dejó a los niños al cuidado de Kalala.

Después de la ceremonia, regresó a su hotel en Bujumbura, la capital de Burundi, para descansar un poco. En eso la llamó su esposo, quien le aconsejó salir a dar un paseo para tomar aire fresco. Bueno, ¿por qué no? Solo podría hacerle bien. Pero un segundo después de dejar el hotel, un hombre le apuntó con una pistola. 

 

Le dijo que no gritara o le dispararía. Muerta de pánico, Noela siguió todas sus instrucciones y a los pocos minutos la obligaron a entrar en un coche blindado. Media hora después se encontraba atada a una silla, en un edificio abandonado. 

Después de dos día secuestrada, uno de los hombres le preguntó que le había hecho a su marido para que este quisiera verla muerta. Noela se quedó estupefacta. Tenía que ser un error. Estaba claro que ellos estaban mintiendo. Mientras los sicarios se reían de ella, uno de ellos tomó el teléfono y marcó un número. Se le heló la sangre en cuanto reconoció la voz de su marido del otro lado de la línea: "Mátenla".

Aunque sabía que su marido era un hombre violento, nunca se imaginó que trataría de matarla. ¿Qué sería de sus hijos? Fue entonces cuando los secuestradores revelaron su verdadero plan.

Nunca tuvieron intenciones de matarla. Conocían a su hermano y, sobre todo, "no actuaban" contra mujeres o niños. No, su objetivo era salvar a Noela pero extorsionar a Kalala: "Queremos que regreses a casa y que les cuentes a otras mujeres igual de estúpidas que tú lo que pasó", le explicaron, "¡deben dejar a sus maridos violentos!".

Después del "shock" inicial, sintió cierto alivio. No había tiempo que perder, así que empezó a planear su venganza. Contactó con la embajada de Kenia en Bélgica para regresar a Australia y llamó al pastor de su iglesia en Melbourne. Juntos encontraron la manera de repatriar a Noela sin despertar ninguna sospecha en su marido.

Este último se encargó de darles a todos la mala noticia: Noela había muerto en un trágico accidente. La pobre. El día del funeral, toda la comunidad acudió a confortar a Kalala en su luto. No fue hasta que el último de los vecinos se despidió de la familia cuando el aborrecible marido se llevó el susto de su vida. 

Justo enfrente de él, el fantasma de su mujer se le apareció con un gesto de ira. Cuando puso la mano sobre su hombro y se dio cuenta de que estaba viva, estalló en lágrimas. Noela no vaciló ni un instante; de repente se sintió poseída por una fuerza desconocida: "Sentí que había vuelto a nacer!".

Si bien al principio Kalala negó los hechos, terminó por confesar la verdad: había tratado de asesinar a su esposa porque tenía miedo de que lo dejara por otro hombre. Fue sentenciado a nueve años de prisión. Pero, para Noela, este no fue el fin de su calvario. 

Como Kalala era congolés, muchas personas de la comunidad congoleña de Melbourne la atacaron por haberlo denunciado. Recibió numerosas amenazas anónimas e intentaron entrar a robar en su casa. Por suerte, Noela ya no es la misma de antes. 

Una que otra noche todavía oye su voz ordenándole a los sicarios que la maten, pero ya no tiene miedo: "Me enfrentaré a ello como una mujer fuerte", declara, "mi pasado está enterrado. Estoy empezando una nueva vida ahora".

Por desgracia, no todas las "Noelas" del mundo tienen la misma suerte. Ojalá que su historia sirva para animar a otras personas que padecen violencia machista a buscar ayuda y recuperar la fuerza que les han arrebatado. 

 

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