Familia de gran corazón acoge a jóvenes homosexuales abandonados por sus padres

Cuando el hijo de Deb y Steve Word, de Memphis (EE.UU.), les dijo al cumplir 23 años que era gay, sus padres ya lo sabían. Siempre lo habían sabido. Sorprendidos por que sus hijo no se lo contara antes, le preguntaron cuál era la razón de haber esperado tanto tiempo. Su respuesta fue como un jarro de agua fría que los ayudó a abrir los ojos.

Deb y Steve son católicos practicantes y la realidad es que su hijo tenía miedo de que no aprobaran su homosexualidad debido a su fe. Cuando lo escucharon, se les partió el corazón. Que su hijo pudiera sentir que iban a rechazarlo debido a su fe era algo terrible. Así que decidieron hacer algo totalmente impensable: ayudarían a aquellos chicos que sí habían sido rechazados, y lo harían gracias a su fe. 

Hace seis años que Steve y Deb empezaron con su pequeño proyecto y han conseguido acoger a una docena de niños cuyas familias rechazaron por culpa de su orientación sexual. Para la pareja era muy importante que los niños sintieran que la casa de la familia Word era su propio hogar y, por ello, los trataban como a sus propios hijos. Cada uno de ellos tenía sus propias tareas en la casa y ayudaban a la hora de preparar las comidas diarias. Y parece que su plan salió bien, porque muchos de ellos siguen llamándolos "mamá" y "papá" aun cuando hace mucho tiempo que no viven con ellos.

"Uno de los chicos estuvo con nosotros cuando su madre murió. Se reconcilió con ella antes de que ella muriera, pero aun así, todavía está muy dolido. Se marchó de nuestra casa, pero tengo noticias suyas cada semana y siempre viene a visitarnos cuando está en la ciudad. Otro de nuestros chicos fue expulsado del cuerpo de marines. Su madre no sabía ni que iba a volver a casa ni que era gay. Pasó un tiempo muy duro, pero ahora está muy bien y ha vuelto a estudiar porque tiene un plan de futuro. A otro de los chicos lo veo cada día, es un hombre transexual ¡que es un gran abogado!", cuenta Deb orgullosa sobre sus pequeños. 

Sin embargo, no todos los recuerdos son buenos. Deb también recuerda que "perdimos a uno de nuestros chicos un año después de que se marchara de nuestra casa. Asistir a su funeral ha sido una de los momentos más difíciles que he experimentado. Los padres necesitan entender el gran daño que causan a sus hijos al rechazarlos". Deb y su esposo saben han visto en primera fila lo que el rechazo puede hacerles a los jóvenes y aunque ya no acogen a nadie en casa, la pareja sigue participando con el Centro Comunitario para Gays y Lesbianas de Memphis para ayudar a crear un refugio para aquellos jóvenes que son rechazados. Además, Deb trabaja como voluntaria con el grupo católico "Fortunate Families", que ayuda a padres en su camino hacia la aceptación de sus hijos tal y como son. 

Es cierto que acoger a docenas de jóvenes en tu casa es duro, pero Deb y Steve no se arrepienten por nada del mundo. Con su ejemplo, ayudan a que la gente entienda el daño que pueden infligir a un joven al rechazarlo solo por su orientación sexual. Ojalá su mensaje se difunda y otros se inspiren con sus palabras y acciones.  

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