Una niña de 4 años respira por última vez en brazos de su hermano

Cuando Jazz-Roxanne Cawthorne recuerda a su pequeña hija Darcee, siempre se le viene a la mente un pequeño y alegre torbellino. "Era muy activa, divertida y estaba llena de vida", recuerda la joven británica. "Adondequiera que iba, encendía el ambiente:  siempre estaba riendo, feliz y era muy ruidosa".

En las últimas semanas no quedaba mucho de esta alegre niña de 4 años de Beverley, Yorkshire. Al final, Darcee pesaba solo 9 kilos y estaba tan débil que ni siquiera podía levantar la cabeza. El año pasado le diagnosticaron síndrome de Batten. 

Esta enfermedad incurable destruye gradualmente el sistema nervioso central. Darcee empezó a padecer convulsiones cada vez peores. Después de un tiempo, ya no pudo caminar, pararse, comer ni beber por sí sola. A medida que su estado continuaba deteriorándose, la madre soltera se trasladó a un hospital infantil para enfermos terminales junto con su hija y su hijo mayor, Reuben, para acompañar a Darcee en su último viaje.

Al final, la niña de 4 años tenía tan poca grasa corporal que ni siquiera podían suministrarle medicamentos y analgésicos con jeringuilla. "Ya había sido demasiado para ella y para todos nosotros: sabíamos que el momento había llegado", dice Jazz-Roxanne. "No le quedaba fuerza para luchar, su corazón seguía bombeando sangre, pero ya no era ella misma, era una niña completamente diferente."

Darcee exhaló su último alientoo en los brazos de su hermano y su madre. Liberada del dolor y preparada, como cuenta su madre, "para volar con los unicornios", el mayor deseo de la niña.

Reuben, el hermano mayor, se ha visto especialmente afectado por la muerte de su hermana pequeña. Por un lado, la familia siente alivio de que el sufrimiento de Darcee haya terminado,  y por otro, cargan con el dolor de que se haya ido para siempre.

En agosto será el cumpleaños de Darcee, su primera celebración familiar sin ella. "Habría cumplido 5 años este 2018, será raro estar sin ella", dice la mamá, Jazz-Roxanne. "Ella hizo que mi mundo estuviera completo. La voy a extrañar y a quererla más cada día hasta que nos volvamos a ver algún día".

A los niños que pierden a sus padres se les llama huérfanos. Pero para los padres y hermanos que tuvieron que decir adiós a sus hijas, hijos, hermanas o hermanos, no existen palabras que describan su dolorosa situación. Tampoco las palabras pueden expresar lo que se siente al perder a un hijo que habría tenido toda una vida por delante. No hay duda de que Darcee dejó este mundo demasiado pronto. Pero queda el recuerdo de toda la felicidad y el amor que les dio a sus semejantes.

Créditos:

Mirror

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