La amistad de su hija de 6 años con los trabajadores le arrancó las lágrimas

La pequeña hija de Briana Hefley Shephard se puso muy feliz cuando su madre decidió mudar la compañía familiar a un nuevo edificio. La vista que la chiquita podía disfrutar desde las enormes ventanas le ofrecía algo nuevo cada día.  

Briana escribió una historia maravillosa sobre esto en su página de Facebook:

"Esta mañana sucedió algo tan sorprendente como conmovedor. Mi negocio familiar se mudó a otro lugar hace unos tres años. Está ubicado justo a lo largo de unas vías de tren, por lo que tenemos una vista en primera fila del ir y venir de las locomotoras. A mi hija le fascina. No pasó mucho tiempo antes de que los maquinistas notaran que ella les saludaba agitando la mano, y que ellos le correspondieran de la misma forma. Esto se volvió un ritual con el transcurso del tiempo. Cuando sonaba el claxon del tren, mi hija corría hacia la ventana, luego el maquinista abría la ventana, agitaba la mano, y ambos sonreían de oreja a oreja. A mí se me hacía un nudo en la garganta cada vez que los veía.

Pero hace unos días, mi hija empezó a ir al colegio. 

Su transición a la escuela primaria me afectó más de lo que esperaba, pero fue todavía peor cuando el primer tren pasó al lado de la oficina y ella no estaba ahí. Hicieron sonar sus bocinas, abrieron sus ventanas, pero yo era la única en el lugar, lloraba y los saludaba tímidamente. Al día siguiente hice un letrero. Simplemente escribí: 'Ha comenzado la escuela'. Escuche el claxon, corrí hacia la ventana y sostuve mi letrero en alto. Eso sucedió hace tres semanas. 

Esta mañana, unos minutos después de que entrara al negocio, alguien tocó a la puerta. Era un hombre con una camiseta amarillo brillante, de su cuello colgaban tapones para los oídos. Supuse que era un constructor y que venía a hablar de edificaciones, porque a eso se dedica nuestro negocio familiar. Estaba equivocada. Vino a preguntar por la pequeña de cabello rubio que saludaba a los trenes. Él era uno de los maquinistas, y todos los colegas se preguntaban qué había pasado con ella. Esta mañana les habían asignado un tren corto, así que se detuvieron, él caminó hasta nuestro edificio y tocó en nuestra puerta. Ay, cómo lloré. Habían visto mi letrero pero no alcanzaron a leer lo que decía. Se imaginaron que mi hija había empezado la escuela, pero querían estar seguros. Me dijo que sus saludos les iluminaban los días. Habían compartido esos momentos durante tres años. 

 Joseph M. Arseneau/Shutterstock.com

Querían ofrecerle algo a mi hija; la echaban de menos. Me preguntó si podían enviarle algo; 'por supuesto', respondí. Le van a enviar un regalo de cumpleaños en unas semanas.

Presenciar esta amistad tan inusual durante los últimos años fue algo mágico. Darme cuenta de la importancia que tuvo tanto para ellos como para nosotras me llena de cariño y esperanza. La visita de hoy y su amabilidad para con mi hija reafirman mi fe en Dios y en la humanidad. Estos son los momentos que uno siempre recuerda". 

Qué historia tan conmovedora. ¡Una gran amistad que se construyó a base de pequeños gestos merece no uno sino muchos aplausos!

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